martes, 28 de julio de 2015

REY WIFREDO EL VELLOSO

La muerte de Wifredo.
Hacia 883 u 884 los musulmanes se sintieron amenazados por la expansión de Wifredo el Velloso, quien estableció posiciones (Cardona por ejemplo) en Osona, en Berguedá y en el Valle de Lord (y algunos puestos avanzados en el Valle de Cervelló en el sur del río Llobregat). La frontera del condado pasaba al norte de Solsona seguramente por Besora, Tantallatge y Correà; la de Berga, por Sorba, Gargalla y Serrateix; y la de Osona, por Cardona, Manresa y Montserrat. Por todo ello, la ciudad de Lérida fue fortificada por los Banu Qasi. Wifredo vio esto como una provocación y atacó la ciudad gobernada por el valí (gobernador) de la familia de los Banu Qasi, Ismail ibn Musa. El ataque no salió bien. El historiador Ibn al-Athir dice que los musulmanes hicieron una gran matanza entre los atacantes. El sucesor de Ismail, Lobo Ibn Muhammad atacó Barcelona unos años después, y Wifredo moriría en la lucha el 11 de agosto de 897. Sus restos reposan en el Monasterio de Ripoll.
La sucesión.
La prueba más clara de la descomposición del poder real en el reino franco fue la transmisión hereditaria de los condados, práctica iniciada en 895: muerto Miró el Viejo, su condado de Rosellón pasó, sin ninguna clase de intervención del rey Odón, a Suniario II de Ampurias, en tanto que el de Conflent fue para Wifredo el Velloso, conde de Osona desde 885 sin haber recibido la investidura real de este condado. Así pues, los reyes perdieron la facultad, que habían tenido en el siglo IX, de nombrar y destituir a los condes, los cuales, por ello, dejaron de ser unos delegados del monarca para convertirse en pequeños soberanos de sus dominios.
La transmisión hereditaria de los condados fue una reacción a la falta de autoridad efectiva del rey sobre el territorio, que convirtió un cargo público en patrimonio familiar; de aquí que a finales del siglo IX no se hubiera establecido un criterio por determinar cómo se tenía que llevar a término la sucesión. Por esto, a la muerte de Wifredo el Velloso (897), en un primer momento, sus hijos -Wifredo Borrell, Miró, Sunifredo y Suniario- optaron por gobernar conjuntamente todos los dominios de su padre y administrarlos con preeminencia del primogénito, Wifredo Borrell, primus inter pares. Pero pronto, cuando cada uno de los condes cogobernantes tuvo descendencia, hizo falta abandonar la idea de herencia conjunta y, entonces, cada hijo transmitió individualmente a sus herederos la parte del conjunto condal que gobernaba: Wifredo Borrell, junto con Suniario, Barcelona, Gerona y Osona; Sunifredo, Urgel; y Miró, Cerdaña, Conflent y Berga.
Cabe añadir que este proceso no fue en modo alguno una excepción específica de la llamada Marca Hispánica, sino un proceso generalizado en el Imperio franco en este período histórico. En este sentido, A. Lewis afirma: "En resumen, las guerras civiles y las invasiones debilitaron el imperfecto sistema de control centralizado que los carolingios habían establecido en el sur de Francia y la Marca Hispánica. Circunstancias especiales, de las que la más importante fue la brevedad de los reinados de los sucesores de Carlos el Calvo y la ascensión del rey Eudes, permitió a los condes gobernantes en el Midi y Cataluña establecer sus familias como herederas e independientes de hecho de la autoridad real. No obstante, a menudo no fue el resultado de una situación repentina y revolucionaria, sino la culminación de una evolución gradual de la autoridad que, para la mayoría de estas familias, duró varias décadas.
Descendencia.
Wifredo se casó en 877 con Guinidilda de Ampurias. Se sabe que tuvieron al menos 9 hijos:
##Wifredo II Borrell de Barcelona (874-911), conde de Barcelona, Gerona y Osona.
##Miró II de Cerdaña (878-927), conde de Besalú y Cerdaña.
##Emma de Barcelona (880-942), abadadesa de San Juan de Ripoll.
##Sunifredo II de Urgel (880?-948), conde de Urgel, casado con Adelaida de Barcelona.
##Radulfo de Barcelona (885-940), Obispo de Urgel y abad de Ripoll.
##Suniario I de Barcelona (890-950), conde de Barcelona, Gerona y Osona, casado con Riquilda de Tolosa, hija de Armengol, conde de Rouergue (Condes de Toulouse).
##Ermessenda de Barcelona (?-925).
##Cixilona de Barcelona (?-945), abadesa del monasterio de Santa Maria del Camino fundado por su hermana Emma.
##Riquilda de Barcelona.
##Guinidilda de Barcelona (897-923) esposa de Ramón II de Tolosa.
La visión mítica de Wifredo.
La idea de que Wifredo el Velloso fue el artífice no ya de la independencia de los condados catalanes sino del nacimiento de Cataluña fue popularizada durante la Renaixença por el dramaturgo Serafí Pitarra, con su frase Fills de Guifré el Pilós, això vol dir catalans (Hijos de Wifredo el Velloso, esto quiere decir catalanes).
Los orígenes de esta visión, que junto al Wifredo histórico -un magnate del Imperio Carolingio que aprovechó el colapso del poder real para construirse un dominio propio- ha hecho surgir un Wifredo mítico -creador de Cataluña y, pues, padre de la patria catalana- tiene origen en la Gesta comitum barchinonensium, escrita en el siglo XII por los monjes de Ripoll. En esta obra, para justificar el inicio, a finales del siglo IX, de la transmisión hereditaria de los condados, se sobredimensionó la figura de Wifredo el Velloso, inicio de la Casa de Barcelona, haciendo de él un héroe que, con su esfuerzo, luchando decididamente contra los musulmanes y los francos, consiguió la independencia de sus condados.
Aun así, hace falta reconocer la importancia histórica de Wifredo. Como afirma Ferran Soldevila, si un personaje histórico es exaltado por la leyenda, es que de verdad fue grande - y así, podría añadirse nosotros, nunca nadie hará un héroe de leyenda de un gobernante inepto y mediocre como fue, por ejemplo, el conde de Barcelona Berenguer Ramón I (1017-1035), tataranieto del Velloso, al contrario que otras grandes figuras de la estirpe como por ejemplo Jaime I (1213-1276)-. Ahora bien, la relevancia histórica de Wifredo se basa tanto en su habilidad para situarse políticamente en un momento crucial como fue la crisis del Imperio Carolingio, un terreno bastante resbaladizo donde otros más ambiciosos que él -caso de Bernardo de Gothia- fracasaron, mientras que los sucesores de Wifredo lograron los cargos de conde por simple transmisión familiar, como la capacidad de favorecer la repoblación del área central de los condados estructurando el condado de Osona y el obispado de Vich, hechos capitales para la futura vertebración de Cataluña.
A Wifredo, como parte de la visión de que fue el creador originario de Cataluña, se le atribuye también el origen de la bandera de las cuatro barras. Esta leyenda tiene su origen, según Martín de Riquer, en el historiador valenciano Pere Antoni Beuter, quien la incluyó en 1555 en su obra Crónica general de España, inspirándose en una crónica castellana de 1492.8 El texto de Beuter dice así:
...pidió el conde Iofre Valeroso al emperador Loís que le diesse armas que pudiesse traher en el escudo, que llevava dorado sin ninguna divisa. Y el emperador, viendo que havía sido en aquella batalla tan valeroso que, con muchas llagas que recibiera, hiziera maravillas en armas, llegóse a él, y mojóse la mano derecha de la sangre que le salía al conde, y passó los quatro dedos ansí ensangrentados encima del escudo dorado, de alto a baxo, haziendo quatro rayas de sangre, y dixo: "Éstas serán vuestras armas, conde." Y de allí tomó las quatro rayas, o bandas, de sangre en el campo dorado, que son las armas de Cathaluña, que agora dezimos de Aragón
Fue revivida entre otros, por el escritor español Pablo Piferrer (1818-1848) reconocido como el gran recopilador de las leyendas catalanas tradicionales.

En términos estrictamente históricos, el escudo de las cuatro barras probablemente lo empezó a utilizar el conde Ramón Berenguer IV, después de la unión dinástica del condado de Barcelona con el reino de Aragón, siendo el símbolo oficial del linaje a partir de su hijo, el rey Alfonso II de Aragón.

Citas Célebres:
“Hay que seguir la lucha con lo que podamos hasta que podamos.” 
“El lenguaje es la ciudad para cuya edificación cada ser humano ha aportado una piedra.” 
“Que cuando el amor no es locura, no es amor.” 
“Soy tan partidario de la disciplina del silencio, que podría hablar horas enteras sobre ella.” 
“La novedad es madre de la temeridad, hermana de la superstición e hija de la ligereza.” 
“Un amor apasionado es una especie de comedia de dos personajes que tratan de convencer al público de su amor.” 
“Si eres orgulloso, conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos.” 
“El día es excesivamente largo para quien no lo sabe apreciar y emplear.”
“Nuestra experiencia se compone más de ilusiones perdidas que de prudencia adquirida.”
“Si se quiere coger una rosa con el tallo largo, no hay que temer a las espinas.”
“Tengo menos de lo que esperaba; pero tal vez esperaba más de lo que debía esperar.” 
“Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito.”
“Faltan palabras a la lengua para los sentimientos del alma.” 
“El tiempo de la reflexión es una economía de tiempo.” 
“Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica su destino.” 

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