viernes, 10 de julio de 2015

REY ORDOÑO II DE LEÓN


El ejército musulmán salió de Córdoba el día 2 de agosto de 917, y llegó a la ribera del río Duero, que el omeya pretendía establecer como frontera, el día 1 o 2 de septiembre, saqueando y arrasando a su paso las tierras de los cristianos. Los musulmanes establecieron su campamento junto a la localidad de San Esteban de Gormaz, por entonces llamada Castromoros. Entonces aparecieron de improviso el rey Ordoño II y sus tropas y atacaron por sorpresa al ejército musulmán. La batalla de Castromoros es uno de los hitos de la historia medieval española. Las crónicas cristianas de la época refieren que los leoneses causaron tantas bajas a sus enemigos que el número de sus cadáveres excedía del cómputo de los astros, pues señalan que desde la orilla del río Duero hasta el castillo de Atienza y Paracuellos, todo el territorio se hallaba cubierto de cadáveres, y el ejército musulmán, derrotado, regresó a sus bases el día 4 de septiembre. Entre los numerosos musulmanes que perdieron la vida en Castromoros se hallaba el propio Hulit Abulhabat, comandante de los derrotados musulmanes, cuya cabeza mandó el rey Ordoño suspender de las almenas de San Esteban de Gormaz junto a la de un jabalí. Los navarros acudieron entonces a solicitar la ayuda del monarca leonés con la esperanza de que las tropas leonesas les ayudaran a luchar contra los musulmanes.
Resultado de imagen de rey ordoño iiPrimeras campañas militares (914-916).

Habiendo tomado posesión de León, consolidado su posición y ganado el apoyo de la nobleza, Ordoño II emprendió su primera expedición militar como rey de León en el verano del año 915, contra las tierras situadas al norte de Miknasat al Asnam, nombre con el que los musulmanes designaban a la ciudad de Mérida. Según el historiador andalusí al-Razi, emprendió la campaña por la ruta de Zamora, sometiendo primero la ciudad de Medellín, y luego el Castillo de la Culebra o Kalat al-Hanash (Castro Alange), acampando al día siguiente junto a Mérida, donde se le sometieron los gobernadores de esta ciudad y de Badajoz, pagando tributo a los leoneses, que regresaron a sus tierras con un gran botín y muchos cautivos por el camino de Toledo.
La campaña fue tan exitosa, que, tan pronto como llegó a León, el monarca quiso mostrar su gratitud a la Madre de Dios, erigiendo en su obsequio un nuevo templo catedralicio, en sustitución del entonces existente, un modesto edificio situado extramuros y consagrado a San Pedro Apóstol. A tal efecto donó su propio palacio, engrandeciendo asimismo con donaciones de tierras la diócesis legionense.

En el verano del año 916, dirigió una nueva expedición contra los musulmanes y atacó las cercanías de la ciudad de Mérida, que había amenazado en su campaña sobre Évora del 913. También ahora devastó y saqueó las áreas suburbanas que habían quedado indemnes en aquella expedición. Las tropas leonesas se enfrentaron a un ejército que había salido de Córdoba para enfrentarse a ellas y lo derrotaron, y el comandante musulmán fue apresado y llevado a León.
La batalla de Castromoros (916).
La reacción de los andalusíes no se hizo esperar. Según la Crónica Anónima de Al-Nasir, iniciaron una primera aceifa el 15 de junio de 916, bajo el mando del caid Ahmad ibn Muhammad ibn Abi Abda, regresando a Córdoba sin mayor percance. El nuevo emir cordobés, Abderramán III, haciénose eco del clamor popular contra los continuos éxitos cristianos, reunió entonces un inmenso ejército que incorporaba contingentes de la Tingitania y la Mauritania. A su mando iba de nuevo Ahmad ibn Muhammad ibn Abi Abda, llamado Hulit Abulhabat por la Crónica Post-Abeldense.
Resultado de imagen de rey ordoño iiFinalizando la primavera del año 918, y aliados entre sí Ordoño II y Sancho Garcés, rey de Pamplona, ambos monarcas movilizaron sus tropas y marcharon juntos sobre Nájera, en la Marca Superior, a la que llegaron a comienzos del mes de junio, sitiándola durante tres días. Pasaron luego a Tudela, bordearon los confines de la Morcuera y Tarazona, y penetraron en los arrabales de Valtierra, Arnedo y Calahorra, que se hallaban en poder de los Banu Qasi de Zaragoza, fueron conquistadas.
Estos sucesos irritaron tanto al emir Abderramán III que ya el 8 de julio de ese año salía de Córdoba un nuevo ejército de castigo, mandado por Badr ibn Ahmad. Las tropas musulmanas llegaron al territorio de Mutoniya o Mutonia, lugar hoy desconocido y localizado en tierras de Soria o Segovia, donde derrotaron a los ejércitos navarros y leoneses, en dos batallas consecutivas, libradas los días [14 y 16 de agosto del año 918. El retorno de los vencedores, con abundante botín y cautivos, fue celebrado en Córdoba con júbilos públicos. El cronista Sampiro se limitó a señalar que, tras la victoria de Castromoros llegó al lugar de Mitonia una aceifa musulmana, en cuyo encuentro sobrevino la ruina de muchas gentes de ambas partes, añadiendo como consuelo una cita bíblica, que atribuyó a David: "Varií sunt eventus belli".

Citas CélebreS:
 “La lógica es buena para razonar, pero mala para vivir.” 
"Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor." 
“Hay un límite para las lágrimas que podemos derramar ante las tumbas de los muertos.” 
“Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente.” 
"En la caridad el pobre es rico, sin caridad todo rico es pobre." 
“El buen libro, de las penas es alivio.”
“El saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan.” 
“Hacemos las reglas para los demás y las excepciones para nosotros mismos.”
“Lo que hace falta es tratar de someter a las circunstancias, no someterse a ellas.” 
“Templanza es moderación en el uso de lo bueno y abstinencia total de lo malo.”
“No ha de maravillarnos que el azar pueda tanto sobre nosotros partiendo de que vivimos por azar.” .
“No hay hombre en el mundo sin tribulación o angustia, aunque sea rey o papa.” 
“Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque.” 
“El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen.” 
“Casi siempre es injusticia la austera severidad, y la dulce caridad es casi siempre justicia.” 

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