martes, 30 de junio de 2015

REY FERNÁN GONZALEZ

Fernando González (en la documentación coetánea, Fredinandus Gundisalviz; Castillo de Lara, c. 910 - Burgos, 970), más conocido en los cantares de gesta y crónicas posteriores como Fernán González, fue conde de Castilla y de Álava (931-944 y 945-970).
Fue hijo de Muniadona y Gonzalo Fernández, quien había sido nombrado conde de Burgos y de Castilla, según se desprende de la Carta Puebla de Brañosera, Munio Núñez sería antepasado suyo.
Biografía.
Personaje teñido de tintes legendarios, la base patrimonial de su familia era el castillo de Lara (Lara de los Infantes), estableciendo un poderoso linaje que alcanzará gran influencia en el reino leonés. Crece en el castillo de Lara y hereda el título de su padre tras el apresamiento y muerte de su tío Nuño Fernández.
En el año 929, Fernán González aparece en documentos con el título de conde al frente del alfoz de Lara, dentro de la organización administrativa de la marca oriental del reino de León. En el 931, Fernán González logró reunir el gobierno de los condados de Burgos, Lara, Lantarón, Cerezo y Álava y es mencionado como conde de Castilla por primera vez en un documento del año 932.
En el 932, Ramiro II de León organizó una expedición contra la fortaleza de Magerit a la que posiblemente acudió Fernán González; la ciudad fue tomada así como su castillo obteniendo de ello un gran botín, sin embargo Magerit fue retomada por los musulmanes tras ser abandonada por el monarca leonés. Un año más tarde Abderramán III contraatacó cercando Osma y San Esteban de Gormaz, Ramiro II acudió en ayuda de Fernán González logrando levantar el cerco de San Esteban de Gormaz y venciendo a las huestes califales cerca de Osma. En 934 Abderramán III avanzó nuevemente con su ejército por territorio castellano, sin encontrar ninguna oposición. Asoló Álava, destruyó Burgos, y cometió numerosos atropellos, como la matanza de 200 monjes en Cardeña. En el viaje de retorno se encontró con que Ramiro II había tomado Osma, y estaba allí esperándolo junto con Fernán González. Los leoneses derrotaron en batalla a los musulmanes, "matando a muchos millares de ellos", según los Anales Castellanos Primeros.
El conde de Castilla tuvo un papel destacado en la batalla de Simancas (939) en la que fueron derrotadas las tropas del califa Abderramán III. De 937 data el único documento original firmado por él que se conserva, un acta notarial por la que dona una propiedad suya, el monasterio de Santa María de Cárdaba (hoy en la provincia de Segovia), al monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos). A continuación, conquistó Sepúlveda y la repobló (940), así como Riaza y Fresno. Ese mismo año concedió un fuero a Sepúlveda, dicho fuero estaba concebido para atraer repobladores a esa zona extremadamente peligrosa por su situación fronteriza con las tierras musulmanas.
Viendo su poder acrecentado, empezó a actuar de manera cada vez más independiente del reino de León, y siguiendo esta política, se casó con Sancha Sánchez, hermana del rey de Navarra, García Sánchez I (más tarde se casaría con su hija, Urraca Garcés).
Fernán González se sintió enormemente agraviado cuando el Rey nombró a Ansur Fernández como conde de Monzón, condado que bloqueaba su expansión hacia los territorios comprendidos entre el río Cea y el río Pisuerga (excluyendo el Condado de Saldaña en el oeste).
Según Sampiro, en 944 "Fernán González y Diego Muñoz ejercieron tiranía contra el rey Ramiro, y aun prepararon la guerra. Mas el rey, como era fuerte y previsor, cogiólos, y uno en León y otro en Gordón, presos con hierros, los echó en la cárcel." Ramiro entregó el gobierno de Castilla al infante Sancho y al conde Ansur Fernández, que sería su ayo y protector. Después de permanecer alrededor de un año en prisión, Ramiro II liberó al traidor, no sin antes hacerle jurar fidelidad. Para dar solemnidad a lo pactado, poco después se produjo la boda entre la hija del conde, Urraca Fernández y su propio hijo y heredero, Ordoño. Estas disensiones internas debilitaron el reino leonés, lo cual fue aprovechado por los musulmanes para lanzar varias razzias de castigo con destino al reino cristiano. El arabista francés Évariste Lévi-Provençal sospechaba que durante estos años Fernán González pudo establecer algún tipo de amistad o de alianza con el califa de Córdoba, y que las razzias dejaron en paz a la debilitada Castilla, y se dirigieron hacia la zona occidental del reino.
Muerto Ramiro II en el 951, el reino de León quedó sumido en una crisis dinástica que Fernán González supo aprovechar en su favor. Inicialmente apoyó las reclamaciones de Sancho el Craso contra su hermano Ordoño III, pero, al no prosperar su causa, se vio obligado a reconocer a Ordoño como rey. Paralelamente, en el año 955 Fernán González derrotó a las tropas musulmanas en San Esteban de Gormaz.
La temprana muerte de Ordoño III permitió al castellano recuperar su capacidad de maniobra, aunque en esta ocasión no apoyó las pretensiones de su antiguo aliado, el rey García Sánchez, que pretendía que Sancho el Craso fuera rey de León, sino que se alineó con el primo de Ordoño III, Ordoño IV, que fue elegido rey de León. Derrotado en el 960 por la intervención navarra, fue capturado por García Sánchez en Cirueña, pero recuperó la libertad tras hacer diversas concesiones territoriales.
Para reforzar su posición frente a los demás territorios cristianos, casó a su hija Urraca Fernández con el hijo de Ramiro II, Ordoño III. Más tarde, Urraca sería repudiada por Ordoño III gracias al apoyo que prestó Fernán González a Sancho el Craso. Después de la muerte de Ordoño III, Urraca se casó con Ordoño IV que por entonces era aliado de Fernán González, y tras la muerte de Ordoño IV se casó con Sancho Garcés II de Navarra. Otra de sus hijas, Muniadona (o Nuña), fue dada en matrimonio a Gómez Díaz, hijo del conde de Saldaña, Diego Muñoz.
En el 963 pactó una tregua con Alhakén II tras la destrucción de San Esteban de Gormaz por los musulmanes, el conde castellano actuaba al margen de la debilitada autoridad real. En tal situación de desorden, Fernán González fue asegurando lentamente su posición como señor hereditario del condado de Castilla, llegando a gobernar un extenso territorio desde el mar Cantábrico hasta más al sur del río Duero. Al morir, dejó el condado a su hijo García Fernández, estableciendo así el principio de la sucesión hereditaria en el título condal de Castilla.
Su vida y hechos fueron magnificados en un poema anónimo, el Poema de Fernán González, escrito entre 1250 y 1271 y conservado en una copia incompleta del siglo XV. Los restos de Fernán González fueron enterrados en el Monasterio de San Pedro de Arlanza y posteriormente trasladados en 1841 a la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias junto con los de su esposa Sancha.
Conde de Castilla, Burgos, Álava, Lantarón y Cerezo: 945 - 970 .
Predecesor: Ansur Fernández.
Sucesor: García Fernández.
Conde de Álava, Lantarón y Cerezo 931 – 944.
Predecesor: Álvaro Herrameliz.
Sucesor: Ansur Fernández.
Conde de Castilla y Burgos 945 – 970.
Predecesor: Gutier Núñez.
Sucesor: Ansur Fernández.
Nacimiento: c. 910 en Castillo de Lara.
Fallecimiento: 970 en Burgos.
Entierro: Colegiata de Covarrubias.
Familia:
Padre: Gonzalo Fernández.
Madre: Muniadona de Lara.
Cónyuge: Sancha Sánchez.ç

Descendencia: Gonzalo, Sancho, Munio, García, Muniadona, Urraca, Fronilde

Citas CélebreS:
"Incontenida, la cólera es frecuentemente más dañina que la injuria que la provoca." 
"Si en verdad queremos amar, tenemos que aprender a perdonar." 
"Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más." 
"Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente." 
"Vengándose, uno iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él."
"El arrepentimiento es el remordimiento aceptado."
"Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas."
"Un hombre de carácter podrá ser derrotado pero jamás destruido."
"Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia."
"No me preocupa el no ser conocido. De lo que trato es de hacerme digno de ser conocido."
"Nada es más necesario que la verdad y, con relación a ella, todo lo demás no tiene más que un valor de segundo orden."
“El hombre sensato cree en el destino; el voluble, en el azar.” 
“Agradece a la llama su luz, pero no olvides el pie del candil que paciente la sostiene.” 
“Miserable cosa es pensar ser maestro el que nunca ha sido discípulo.” 
“La libertad más difícil de conservar es la de equivocarse.” 

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