viernes, 5 de junio de 2015

AZORÍN

El Monumento a Azorín data de 1967 y es obra de Agustín de la Herrán. Este famoso escultor nace en Bilbao el 7 de abril de 1932. Precoz como escultor, estudia Derecho en Deusto y Salamanca, antes de trasladarse en 1955 a Barcelona, para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi, con el escultor Federico Marés y, ya en 1957, a Madrid. Autor realista, destaca sobre manera por su escultura religiosa, el retrato y la medallística. Tiene una obra pública extensísima y repartida por varios continentes entre la que destaca por su monumentalidad (32 metros de altura) la Virgen de Quito, Ecuador, pero donde no quedan desmerecidas las obras dedicadas a diversos animales, sus desnudos.

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín (Monóvar, Alicante, 8 de junio de 1873 – Madrid, 2 de marzo de 1967), fue un novelista español, además de ensayista, dramaturgo y crítico literario.
Biografía.
Su padre era natural de Yecla, Murcia, y militaba en el Partido Liberal-Conservador (llegó a ser alcalde, diputado y seguidor de Francisco Romero Robledo). Ejercía de abogado en Monóvar y poseía una importante hacienda. Su madre había nacido en Petrer. Era una familia tradicional burguesa y acomodada. Azorín fue el mayor de nueve hermanos. Estudió bachillerato interno durante ocho años en el colegio de los Escolapios de Yecla, etapa que refleja en sus dos primeras novelas, de fuerte contenido autobiográfico. De 1888 a 1896 cursó derecho en Valencia, donde se interesa por el krausismo y el anarquismo y se entrega a febriles lecturas literarias y políticas. Empiezan sus pinitos periodísticos. Usa los seudónimos de Fray José, en La Educación Católica de Petrer, Juan de Lis en El Defensor de Yecla, etc. Escribe también en El Eco de Monóvar, El Mercantil Valenciano e incluso en El Pueblo, periódico de Vicente Blasco Ibáñez. Casi siempre hace crítica teatral de obras de fuerte contenido social (elogia las obras de Ángel Guimerá y Benito Pérez Galdós o el Juan José de Joaquín Dicenta) y ya refleja sus inclinaciones anarquistas. Traduce el drama La intrusa de Maurice Maeterlinck, la conferencia del francés A. Hamon De la patria o Las prisiones del príncipe Kropotkin. En 1895 Azorín publica dos ensayos, Anarquistas literarias y Notas sociales, en las que presenta al público las principales teorías anarquistas.
Se examinó en Granada y Salamanca, pero fue más estudiante que estudioso y más atento a las tertulias, al periodismo, al teatro, a la literatura y a los toros que a las leyes. Llegado el 25 de noviembre de 1896 a Madrid para seguir sus estudios, se inició en medio de grandes privaciones en el periodismo republicano (El País (1896), de donde le echaron; El Progreso (1897), periódico de Alejandro Lerroux), recibiendo sólo el apoyo de Leopoldo Alas en uno de sus Paliques, donde trabajó como crítico, bajo los seudónimos de Cándido, en honor a Voltaire, Ahrimán, el dios persa de la destrucción, Charivari y Este, entre otros. Poco a poco su nombre fue apareciendo cada vez más en revistas y periódicos importantes: Revista Nueva, Juventud (firmando con Baroja y Maeztu como grupo de los Tres), Arte Joven, El Globo, Alma Española, España, El Imparcial, ABC. Al mismo tiempo va publicando folletos y libros. Escribe una trilogía de novelas autobiográficas donde ya utiliza su definitivo seudónimo, «Azorín», que empezó a usar en 1904: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo.
A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín están ya instalados en el conservadurismo. Comienza a colaborar en ABC donde participó activamente en la vida política. Antonio Maura, y sobre todo el ministro Juan de la Cierva y Peñafiel, se convierten en sus máximos valedores. Entre 1907 y 1919 fue cinco veces diputado y dos breves temporadas (en 1917 y 1919) subsecretario de Instrucción Pública. Tenía ya una larga trayectoria en la prensa madrileña cuando se incorporó a La Vanguardia como crítico literario. Gracias al empeño del director Miquel delsSants Oliver, Azorín publicó, en este rotativo, cerca de 200 artículos entre 1914 y 1917. No es de extrañar que un conspicuo representante de la cultura castellana publicara en las páginas de un diario barcelonés como La Vanguardia, ya que Barcelona fue la capital donde se impulsó y se dio a conocer, según los estudiosos, la generación del 98.
Viajó incansablemente por España y ahondó en la lectura de los clásicos del Siglo de Oro. El directorio militar de Primo de Rivera enfrió la actividad pública de Azorín, quien se negó a aceptar cargos políticos de manos del dictador. En 1924 fue elegido miembro de la Real Academia Española.
Cuando estalló la Guerra Civil huyó del Madrid del Frente Popular y con su esposa, Julia Guinda Urzanqui, se refugió en Francia. Terminada la contienda, pudo regresar a España gracias a la ayuda que al efecto recibió del entonces ministro del Interior, Ramón Serrano Suñer, a quien años más tarde (1955) dedicó Azorín «con viva gratitud» su obra El pasado (Biblioteca Nueva, Madrid).
En 1946 se le otorgó la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
En sus últimos años se mostró apasionado y asiduo espectador cinematográfico.

Citas Célebres:
"No importa cuánto se viva sino cómo se vive, si se vive bien y se muere joven, se puede haber contribuido más que una persona hasta los ochenta años preocupada sólo de sí misma." 
"La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."
"La vida es como montar en bicicleta. No te caes a no ser que dejes de pedalear." 
"La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino cuánto bien haya sido representada." 
"El que se enorgullece de sus conocimientos es como si estuviera ciego en plena luz." 
"Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo." 
"Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla." 
"Preferible es que diez culpables escapen a que un inocente sufra."
"La justicia sin la fuerza es irrisoria; la fuerza sin justicia es tiranía."
"La justicia es gratuita; lo que cuesta son los medios de llegar a ella."
"Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo."
"El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro."
"Si cada uno limpia su vereda, la calle estará limpia."
"La mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso."
“Y si no existes y sólo eres un pensamiento, si nunca te conocí y no me llené de ti..si nunca fui feliz por no tenerte.” 

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