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lunes, 20 de julio de 2015

REY RAMIRO I DE ARAGÓN

Biografía.
Hijo natural de Sancho el Mayor, rey de Pamplona, y una joven llamada Sancha de Aibar o Aybar, de la nobleza de las tierras de Aibar.
Después de la muerte de Sancho el Mayor, heredó el trono su hijo primogénito legítimo García Sánchez III el de Nájera, que gobernaba en todo el territorio paterno. A su hermano Ramiro se había adjudicado la honor del espacio aragonés, y se proclamó baile en las tierras del Aragón que había recibido de su padre con trono en Jaca. Muy pronto se enfrentaron en la batalla de Tafalla y Ramiro inició una dinastía nueva en el reciente reino de Aragón tras usurpar los derechos de Gonzalo, que regía las rentas reales en Sobrarbe y Ribagorza.
Ramiro había sido el primer varón nacido de Sancho el Mayor pero era un hijo natural, fuera del matrimonio legítimo, con lo que quedó apartado de la primogenitura. Sin embargo nunca se consideró hijo bastardo, pues toda la documentación de la época se refiere a él como regulus, el mismo tratamiento que recibieron sus hermanos menores, y creció en la corte con su madre Sancha, tutora de Sancho III durante su minoría de edad entre 1004 y 1011, periodo en el que fue concebido Ramiro.
En su documentación auténtica el monarca aragonés se tituló como Ramiro, hijo del rey Sancho, sin usar el título de rey, pero no se consideró carente de legitimidad regia y actuó en todo momento ejerciendo a todos los efectos la potestas regia. En cualquier caso, recibió la fidelidad de los condes, barones y señores aragoneses en los que apoyó su autoridad. Aunque él mismo no se tituló rey, sí lo hicieron sus coetáneos, en documentos tanto aragoneses como navarros y castellanos. Aparece en ellos citado como rex Ranimirus, Ranimiri regis o meo regi entre otras expresiones. Así fue considerado por sus vasallos, reyes contemporáneos a Ramiro I y notarios. Los reyes de Pamplona García Sánchez III y Sancho Garcés IV el de Peñalén también le otorgarán el título de rey. Del mismo modo lo considerará su hijo y heredero Sancho Ramírez, al roborar como ego Sancius Raminiro regis filio 'yo Sancho hijo del rey Ramiro'.
Sentó las bases del que sería el Reino de Aragón garantizando la sucesión de su linaje al casar con Ermesinda, hija de Bernardo Roger, conde de Foix-Bigorra, en 1036, con la que tuvo a Sancho Ramírez, a García Ramírez (que posteriormente sería obispo de Jaca) y tres hijas más, Sancha, Urraca y Teresa. Con ello la continuidad dinástica estaba garantizada.
Con el tiempo fue rodeándose de nobles de su confianza, a los que asignó tenencias en castillos estratégicos. Reafirmó, además, la figura del obispo de Aragón —aragonensis episcopus—, al que otorgó un monasterio, San Adrián de Sásabe y un cuantioso patrimonio, para ganarse el favor de la prelatura en su tarea de consolidación del poder.
Tras hacerse con el control a partir de 1043 de los condados de Sobrarbe y Ribagorza a la muerte de su hermano Gonzalo, que nunca habitó en aquellos territorios, tuvo que entrar en pugna por los ricos territorios musulmanes a los que se accedía a través la vía natural de la cuenca del Cinca. Las sustanciosas parias que pagaba el rey taifa de Saraqusta para evitar el ataque cristiano se las disputaban además de Aragón, el conde de Urgel, el de Pallars y el conde de Barcelona Ramón Berenguer I.
Para frenar el empuje de Ramón Berenguer de Barcelona, Ramiro I acordó un doble matrimonio de su hija Sancha con Ermengol III de Urgel, y de Isabel, hija del conde urgelino, con su propio hijo primogénito Sancho Ramírez, el heredero al trono de Aragón. De este modo el Condado de Urgel y el Reino de Aragón establecen una sólida alianza, y la unión de sus fuerzas permitió a Ramiro conquistar los castillos de Laguarres, Lascuarre, Capella, Caserras, Falces, Luzás, Viacamp y Benabarre, con lo que impedía a Ramón Berenguer I —que había comprado castillos en la zona, en tierras que los condes catalanes reconocieron pertenecer al condado de Ribagorza como parte del reino de Aragón— el acceso al Cinca. La tenencia de Benabarre fue entregada al vizconde de Tost Arnal Mir, quien también se había convertido en aliado del rey aragonés.
Estos avances le hicieron concebir la idea de dar el asalto a la poderosa fortaleza de Graus, que el rey de Zaragoza Al-Muqtadir fue a defender en persona al frente de un ejército que incluía un contingente de tropas castellanas al mando de Sancho, el futuro Sancho II de Castilla, que pudo contar en su mesnada con el joven caballero Rodrigo Díaz, conocido posteriormente como «El Cid». Al-Muqtadir primeramente perdió las plazas de Torreciudad y Fantova, al norte de Barbastro, y la balanza parecía inclinarse del bando cristiano, pero finalmente consiguió rechazar a los aragoneses que perdieron en esta batalla a su rey, al parecer asesinado por un soldado árabe, llamado Sadaro o Sadada, que hablaba romance y que, acercándose al real de Ramiro I disfrazado de cristiano, le clavó una lanza en la frente. Murió ante las puertas de Graus el 8 de mayo de 1063.

Pese a la muerte de Ramiro I, su sucesor Sancho Ramírez y Ermengol III de Urgel continuaron con un proyecto emprendido por el difunto rey y que contó con el apoyo del papa, que convocó a tropas francesas para emprender la cruzada de Barbastro que acabó con éxito en 1064. La importante ciudad musulmana pasó a formar parte del Reino de Aragón y su gobierno fue confiado como tenencia a Ermengol III. Pero la permanencia en poder cristiano fue efímera, pues un año después sería reconquistada por la taifa de Zaragoza. En 1065 murió el conde de Urgel en tierras de al-Ándalus, probablemente en Monzón

Citas Célebres:
“Una corazonada es la creatividad tratando de decirte algo.” 
"Las cosas no valen sino lo que se las hace valer." 
“Dejadlos murmurar, pues nos dejan mandar.” 
“El pensamiento no es más que un relámpago en medio de una larga noche. Pero ese relámpago lo es todo.” 
"Después de todo, tú eres la única muralla, si no te saltas nunca darás un solo paso." 
“Es más deseable cultivar el respeto al bien que el respeto a la ley.” .
“El odio es pasión más viva que la amistad.” .
“La primera virtud es la de frenar la lengua; y es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse.” 
“El amor no es más que un deleite; el honor es un deber.” .
“Los que no tienen hijos ignoran muchos placeres, pero también se evitan muchos dolores.”  
“La teoría es el capitán y la práctica, el soldado.” 
“No trateis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino.” 
“Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse.” .
“La paciencia comienza con lágrimas, y, al fin, sonríe.” 

jueves, 25 de junio de 2015

Alfonso III de Asturias

Alfonso III de Asturias, llamado el Magno (c. 852 - Zamora, 20 de diciembre de 910), fue rey de Asturias desde 866 hasta poco antes de su defunción, ocurrida en 910. Hijo y sucesor de Ordoño I y de su esposa, la reina Nuña, Alfonso III fue el último rey asturiano, o el primero de León, ya que en esta ciudad residió largas temporadas, y allí tenía su Consejo de Gobierno y Tribunal de Justicia.
Desde su ascenso al poder hubo de hacer frente a una serie de problemas internos: revueltas nobiliarias, conatos de rebelión en la propia dinastía, como el caso del infante Bermudo el Ciego. Llevó a cabo una fuerte actividad repobladora, acogiendo a una importante inmigración mozárabe, y consolidó el Duero como frontera meridional del reino, en torno a las plazas fuertes de Toro y Zamora. Luchó enérgicamente contra los musulmanes, a los que derrotó en Polvoraria. Rechazó la yihad del rebelde omeya Ibn al-Qitt y pactó con Ibn Marwan al-Yalliqi, valí de Mérida.
Se casó entre mayo y diciembre de 873 con Jimena Garcés, cuya estirpe todavía se discute, aunque probablemente era hija del rey García Íñiguez de Pamplona. De este matrimonio nacieron los tres primeros reyes propiamente leoneses, García, Ordoño y Fruela, que ya en vida de su padre gobernaron la frontera centro-oriental (la futura Castilla), Galicia y Portugal, y Asturias, respectivamente.
Sus últimos años de reinado son oscuros. Por motivos desconocidos, su primogénito García trató de derrocarlo, lo que logró finalmente con el concurso de sus hermanos. Alfonso III abdicó, aunque conservó el título real, y murió en Zamora, al parecer tras emprender una última incursión en territorio musulmán.
Su juventud es desconocida. Fue asociado al trono en 853 y se ocupó del gobierno de Galicia. Al morir su padre, tuvo que enfrentarse a Fruela Bermúdez, conde de Lugo, que le disputaba la corona, y hasta parece que llegó a usurparle el trono, refugiándose Alfonso en Álava.5 Hay que tener en cuenta que hasta hacía poco la monarquía había sido electiva, y todavía habría quien rechazara la sucesión dinástica. Sin embargo, un año más tarde Alfonso III recuperó la corona gracias a la ayuda del conde Rodrigo de Castilla, quien se enfrentó en 866 a los partidarios de Fruela. Según la crónica de Sampiro, los magnates ovetenses dieron muerte al rebelde conde Fruela y Alfonso «fue reconocido pacíficamente por todos como sucesor de su padre Ordoño I.»
Al año siguiente, 867, tuvo que dominar a los vascones, que se habían sublevado dirigidos por el conde Eylo.7 Sampiro describe así estos evento:
Llegó un mensajero desde Álava, anunciando que sus corazones se habían inflado contra el rey: oído lo cual, el monarca dispuso marchar hacia allí. Impulsados por el pavor que les produjo su llegada, rápidamente reconocieron sus obligaciones y suplicantes bajaron ante él sus cabezas y prometieron que permanecerían fieles a su reino y a su autoridad, y que harían lo que les fuese ordenado. De este modo sometió a su poder a una Álava tendida ante sí, y a Eylo, que se presentaba como su conde, se lo trajo para Oviedo cargado de hierros.
Martínez Díez (2004), p. 220
Su padre, Ordoño, había comenzado la repoblación de los territorios fronterizos, y continuó con ello: en 878 envió a sus tropas para apoderarse del norte de Portugal, conquistando así Coímbra y Oporto, y situando la frontera sudoccidental en el río Mondego.
Alfonso III tuvo que hacer frente a las ofensivas del príncipe omeya al-Mundir, hijo del emir cordobés Mohámed I. La lucha fue casi constante entre 875 y 883. Las primeras incursiones omeyas tuvieron como objetivo León y El Bierzo, pero fracasaron. La contraofensiva cristiana se saldó con la toma de Deza y Atienza.
Abd al-Rahman Ibn Marwan, el Gallego, señor de Mérida y rebelde al emir de Córdoba, le envió para congraciarse con él al ministro de este, Hashim ibn Abd al-Aziz, lo que provocó que en 878 Al-Mundir dirigiese sus huestes de nuevo hacia León y Astorga, mientras que Salid ben Ganim llegaba hasta el Órbigo. El rey magno, para evitar la unión de ambos ejércitos, salió al encuentro del segundo, al que derrotó en la batalla de Polvoraria, en la confluencia de los ríos Órbigo y Esla. Al-Mundir emprendió entonces la retirada, pero Alfonso III le interceptó en el valle de Valdemora, donde le derrotó. El emir Mohámed se vio obligado a pagar rescate y a firmar una tregua de tres años; era la primera vez que Córdoba pedía la paz.
Ambos reyes consideraron la tregua como un paréntesis, preparándose para el siguiente asalto: Mohámed armó una flota para atacar Galicia por mar, pero fue destrozada por una tormenta.10 Alfonso e Ibn Marwán descendieron por el valle del Tajo y derrotaron al ejército cordobés en el monte Oxifer, junto al río Guadiana.
Como desquite, Muhámmad atacó en el año 882 al reino de Zaragoza, a donde Alfonso había enviado a su hijo, Ordoño, para que se educara con los Banu Qasi, hijos de Musa, y avanzó por la antigua vía romana hasta León. Hubo un intercambio de prisioneros, y los cordobeses se retiraron, repitiendo la campaña en 883, con el mismo resultado.
En 884 Mohámed I y Alfonso III firmaron la paz, pues ambos empezaban a tener serios problemas internos. El Rey Magno se encontró con un levantamiento acaudillado por sus hermanos Fruela, Odoario y Bermudo, que se hicieron fuertes en Astorga, apoyados por varios condes, pero rápidamente fueron derrotados y ajusticiados.
En 901 el rebelde omeya Ibn al-Qitt, proclamado Mahdi, predicó la guerra santa y atacó Zamora — «reconstruida y repoblada por mozárabes toledanos [...] la plaza avanzada más importante del reino astur» — que pudo resistir. El líder mesiánico, abandonado por los suyos, fue derrotado y muerto en batalla en lo que se conoce como el Día de Zamora. En esos años, el Emirato de Córdoba sufrió rebeliones civiles, por lo que dejó de inquietar al reino de Asturias, que, sin embargo, hizo frente a sus antiguos aliados de Mérida y del valle del Ebro: aliado con el conde de Pallars, dio un golpe de Estado que consiguió derrotar a los Banu Qasi e instalar un navarro, Sancho Garcés I, en el trono pamplonés.
Al final de sus días, se sublevó su hijo García, que se había casado con Nuña, hija del Conde de Castilla Munio Núñez, que fue el instigador de la conjura contra el Rey. Capturado García por su padre, su suegro Nuño provocó un levantamiento ayudado por Jimena, Ordoño y Fruela. Según la Crónica General de España de Alfonso X el Sabio, la reina Jimena "basteció estos castiellos en tierras de León, Alba, Gordón, Arbolio et Luna, et diólos a su fijo el infant don García". El castillo de Luna tenía singular importancia, al acoger el tesoro regio. Alfonso III, según Sampiro, fue relegado a Boides, una aldea cercana a San Salvador de Valdediós, después peregrinó a Santiago, realizó una «expedición militar autorizada por García por tierras de Mérida», y falleció el 20 de diciembre de 910 a medianoche en Zamora al regreso de la aceifa, acontecimientos corroborados en las crónicas de Ibn Hayyan.
Desde ese momento, el Reino de Asturias, engrandecido ya de forma majestuosa y con extensos territorios que gobernar, trasladará la capital desde Oviedo a León y comenzará a hablarse del Reino de León, con ocasionales divisiones del reino asturleonés entre Asturias, Galicia y León. Con las fronteras ampliadas hasta el río Duero y el Mondego, empezaron a afluir mozárabes. Aunque el reino es dividido entre sus tres hijos durante unos años: para García, León; para Ordoño, Galicia y Portugal, y para Fruela, Asturias.15 Gonzalo, que era clérigo, continuó siendo arcediano de Oviedo; y a Ramiro, por su corta edad, se le dio el título de rey pero sin territorio.
Matrimonio y descendencia.
Contrajo matrimonio con Jimena de Asturias, cuya filiación no está confirmada, aunque algunos historiadores consideran que fue hija del rey García Íñiguez de Pamplona, y hermana del rey Fortún Garcés. La boda se habría celebrado entre el 28 de mayo y el 20 de diciembre de 873 y en 874, ambos suscriben la donación de una cruz de oro a la iglesia de Santiago.
Fruto de su matrimonio nacieron ocho hijos:
·         García I de León (875-914).16 Rey de León.
·         Ordoño II (876-924). Rey de Galicia y posteriormente de León. Heredó el trono leonés a la muerte de su hermano mayor, García I.
·         Gonzalo (m. c. 920). Confirmó en numerosos privilegios de la época, emitidos por sus padres y hermanos, y fue arcediano de la Catedral de Oviedo. Algunos autores señalan que probablemente estaría sepultado en el Panteón de reyes de la Catedral de Oviedo.
·         Fruela II de León (c. 877-925). Rey de Asturias y posteriormente de León.
·         Ramiro (m. 929). Algunos autores señEl alan la posibilidad de que heredase el reino de Asturias cuando su hermano, Fruela, heredó el trono leonés a la muerte de Ordoño II, hermano de ambos. Pudo haber casado con la reina Urraca, viuda de su hermano Fruela.17 Según la inscripción en su sepulcro en el Panteón de reyes de la Catedral de Oviedo, falleció el 31 de marzo de 929.
·         Sancha más otras dos hijas de las que se desconoce el nombre.
Muerte y sepultura.
Alfonso III falleció en la ciudad de Zamora el 20 de diciembre de 910 a medianoche.8 Su cadáver fue conducido a la ciudad de Astorga, y enterrado en la catedral de dicha ciudad, en la que posteriormente sería sepultada su esposa, la reina Jimena de Asturias quien falleció dos años después en 912. Sus restos fueron depositados en el sarcófago de San Justo de la Vega, hallado en el municipio leonés de San Justo de la Vega, y que desde el año 1869 se halla expuesto en el Museo Arqueológico Nacional, ubicado en Madrid.

Posteriormente, en el año 986, los restos de Alfonso III y los de su esposa, la reina Jimena, fueron trasladados, por orden del rey Bermudo II de León, a la ciudad de Oviedo, pues el monarca leonés temía que los restos mortales de ambos fuesen profanados por las tropas musulmanas dirigidas por Almanzor, que en esos momentos avanzaban hacia el reino de León siendo depositados en el Panteón de reyes de la capilla de Nuestra Señora del Rey Casto de la Catedral de Oviedo, donde se hallaban sepultados numerosos miembros de la realeza astur-leonesa.

Citas Célebres:
“Una maldición nunca ha matado una mosca.” 
“Un cuerpo sano es cosa buena; pero un alma sana vale más que todo lo que el hombre pueda desear; un alma sana es lo más hermoso que el cielo pueda concedernos para hacer feliz esta pobre tierra nuestra.” 
“Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos.”
“La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los jugadores de ajedrez.” 
“Uno levanta la caza y otro la mata.”
“Si no tenemos miedo de los hombres y buscamos sólo la verdad de Dios, estoy seguro de que todos podremos ser sus mensajeros. En lo que a mi respecta, creo sinceramente que respondo a estas dos condiciones.” 
“Todo lo difícil debe intentarse mientras es fácil.” 
"Es necesario aprender lo que necesitamos y no únicamente lo que queremos." 
"Ningún descubrimiento se haría ya si nos contentásemos con lo que sabemos." 
"El hombre sabio, incluso cuando calla, dice más que el necio cuando habla." 
"Algunas personas nunca aprenden nada, porque todo lo comprenden demasiado pronto." 
"El aburrimiento es lo que queda de los pensamientos cuando las pasiones son eliminadas de ellos." 
"Es necesario aprender lo que necesitamos y no únicamente lo que queremos." 
"Ningún descubrimiento se haría ya si nos contentásemos con lo que sabemos." 
"El hombre es mucho más complicado que su pensamiento."